
La energía que viene: Vaca Muerta, el motor que necesita ruedas
Vaca Muerta será el centro de la escena energética argentina en los próximos cinco años. No es una aspiración: es un hecho. Es la apuesta más firme del país para exportar energía, generar divisas y motorizar la economía.
Argentina está ante una oportunidad histórica: convertirse en exportador neto de energía hacia 2030. Vaca Muerta será clave para lograrlo. Pero ese potencial extraordinario necesita infraestructura moderna. Porque sin ruedas, el subsuelo no sirve. La energía que viene no se mueve sola.
Vaca Muerta será el centro de la escena energética argentina en los próximos cinco años. No es una aspiración: es un hecho. Es la apuesta más firme del país para exportar energía, generar divisas y motorizar la economía.
Los logros ya están a la vista. La producción de petróleo se acerca a su récord histórico. Las ramas horizontales de los pozos superan los 5.000 metros. La velocidad y cantidad de fracturas se ha multiplicado. Hoy, un pozo se construye en menos de la mitad del tiempo que hace una década, con mayor productividad y costos de desarrollo en descenso.
Estos avances reflejan una industria que aprendió a hacer bien las cosas. Pero también muestran el riesgo de enfocarse solo en lo que ocurre dentro del pozo y no fuera de él, puede llevarnos a una trampa técnica: ver el árbol y perder de vista el bosque. Porque la energía no es solo geología. También es logística.
Hoy, el desarrollo de Vaca Muerta exige una movilización física que no siempre entra en la foto. La eficiencia ya no se gana solo optimizando la perforación: se gana en el transporte, en la infraestructura, en cómo llevamos insumos y cómo evacuamos producción.
Cada año, se trasladan más de 100.000 toneladas de casing —la tubería de acero de los pozos— desde Campana hasta Neuquén. Eso equivale, literalmente, al peso de 10 Torres Eiffel movilizadas por nuestras rutas.
Si sumamos arena, agua, químicos, equipos y personal, se estima que un pozo puede requerir más de 250 viajes en camión. Con 500 a 600 pozos proyectados por año, la carga logística es gigantesca. Esto, con un desarrollo todavía concentrado en Añelo. Cuando se expandan zonas más alejadas, los tiempos y los riesgos se agravarán exponencialmente.
Esta dependencia del transporte por camión tiene costos.
Económicos: se calcula que la logística representa entre el 15% y el 30% del costo de producción de un pozo.
Ambientales: los camiones a diésel generan emisiones, partículas y accidentes.
Estructurales: las rutas neuquinas están saturadas, al borde del colapso, y el resultado es trágico: la pérdida irreparable de vidas humanas.
Hay obras en marcha, sí, pero aún incipientes. La evacuación del crudo y el gas se ha resuelto en parte con oleoductos y gasoductos. Pero para producir más, primero hay que abastecer más. Y en camiones ya no se puede continuar.
No se trata de compararnos con el Permian —el mayor desarrollo no convencional del mundo—, pero sí de aprender. Allí, los materiales para la construcción y terminación de pozos llegan por tren hasta puntos cercanos a las locaciones, y los camiones se usan solo para la última milla.
Con esa eficiencia, operaron con más de 600 equipos de perforación y 400 sets de fractura, superando los 6 millones de barriles diarios. Lo lograron porque, antes que nada, invirtieron en infraestructura y logística.
Y porque en un país como Estados Unidos históricamente se fomenta la competencia, el acceso al crédito y esto trae la diversificación de proveedores de servicios, aumentando la oferta de estos y disminuyendo los costos asociados.
Argentina necesita hacer lo mismo. Desarrollar infraestructura ferroviaria, habilitar centros de transferencia, usar bitrenes donde sea posible, integrar tecnología predictiva y planificar con visión de largo plazo.
Vaca Muerta no puede crecer indefinidamente con un modelo logístico del siglo XX. Necesita una infraestructura del siglo XXI, integrada, multimodal y resiliente. La logística no es un gasto: es una inversión estratégica.
Y esa inversión trasciende Vaca Muerta. Será también crítica para la minería, el agro y el litio. Ya vivimos la experiencia en la Cuenca del Golfo San Jorge: tuvimos una época dorada, pero no dejó infraestructura aprovechable. Hoy quedan curvas de producción, pero no desarrollo.
El potencial está. El subsuelo argentino ya demostró que tiene con qué. Ahora falta que la superficie esté a la altura. “Sin ruedas, el subsuelo no sirve. La energía que viene no se mueve sola”. Si logramos ver el bosque completo —producción, transporte, infraestructura y sostenibilidad— Vaca Muerta puede ser no solo nuestro motor, sino también nuestra vía de despegue.
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